10 dic. 2011

LA GUITARRA.

 Esta es una anécdota de mi propia vivencia. Resulta que, hace unos cuantos años viajábamos con mi esposa y la menor de mis hijas, de ocho meses de nacida, todos los domingos, de Miami a Fort Lauderdale, para apoyar una obra que apenas estaba comenzando. Cada domingo nos tocaba salir muy temprano y regresar muy noche.

Como no habían músicos, a mi me tocaba acompañar las alabanzas con el piano o con una guitarra viejita que siempre llevaba conmigo, por si nos tocaba visitar el hogar de alguien y acompañar con ella algún cántico.

Recuerdo que todos los domingos sin faltar llegaba a la iglesia una hermanita colombiana que se arrimaba para decirme: Hermano, usted podría ayudarme a escoger una guitarra buena para comprarla, porque la quiero regalar a una persona muy especial.

Y yo le contestaba: -Claro que si hermanita, después de la escuela dominical la podemos ir a buscar, pero el “problema” era que siempre habían hermanos que nos llevaban a almorzar a sus casas y se me olvidaba el asunto de la guitarra.

Llegaba el siguiente domingo y la misma historia. Un domingo después de la escuela dominical, los hermanos, aparentemente se olvidaron de nosotros y nadie nos invitó a comer, por lo que tuvimos que ir a un restaurante.

Resulta que al lado del restaurante había una “casa de empeño” y en el exhibidor había una guitarra. Entré a la tienda para verla y probarla, y luego pregunté por el precio, que era de 85 dólares. Al tenerla en mis manos noté que era de mala calidad, un poco sorda, desafinada y las cuerdas lastimaban mis dedos; pero pensé... -Esta es la oportunidad para salir del compromiso con la hermanita.-,
Ese mismo día, cuando regresamos a la Iglesia, le dije a la hermana que había encontrado la guitarra que ella quería. Fuimos entonces a la Casa de Empeño, le mostré la guitarra y hasta toqué unos cuantos acordes con ella.-

Entonces la hermanita me preguntó: ¿Usted cree que es buena esta guitarra? Y yo le respondí, si hermana, claro que sí! Y me volvió a preguntar: ¿A usted le gusta? y le volví a decir: Claro que sí mi hermana.

Ella fue a la caja, compró la guitarra y al regresar en donde yo estaba, para mi ¡GRAN SORPRESA! me dijo: ESTA GUITARRA ES PARA USTED MI HERMANO, desde hace tiempo se la quería regalar, porque usted ha sido de grande bendición para mi vida y gracias a Dios que la encontré porque mañana me regreso para mi país y ya no vuelvo más.- Y así fue, no la volví a ver nunca más.-

¿Que aprendí con esa gran lección? El Senor me lo dice en Mateo 7:12: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas".-

Siempre andamos en el “corre y corre” y nunca tenemos tiempo para nada. A veces nos pasa lo mismo cuando oramos, le decimos al Señor dos palabras y creemos que ya la hicimos con él, mientras tanto él sigue esperando pacientemente para platicar con nosotros.

El quiere que busquemos lo mejor que podamos encontrar para otros, porque eso es exactamente lo que él quiere para nosotros.-

!LA PAZ DE CRISTO!.

By Juan F. Roa

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