4 ago. 2012

IMPERFECTO PERO PERDONADO

Muchas personas del mundo secular cuando les digo que soy cristiano, esperan verme con “alitas” en la espalda, una “ruedita” sobre mi cabeza, las manos juntas todo el tiempo, como si estuviera rezando y vestido con túnica blanca.
Algunos “amigos” que en otro tiempo me conocieron, se han resistido a creer que he sido justificado con la sangre de Cristo y se burlan de mí, de muchas maneras, pero no pierdo la oportunidad de predicarles el plan de salvación de Dios para el hombre, y créalo o no, a muchos de ellos me los he ganado para Cristo.

Otros “amigos” coterráneos míos, y que me conocieron cuando aún estaba” más perdido que un perro en una procesión”, cada vez que nos encontramos se ponen a recordarme todas las maldades que hice.

Esa es precisamente la labor del diablo, usar a otras personas para traerte a memoria todo lo malo que hiciste, tratar de desprestigiarte ante los demás, para que no crean en las palabras de vida eterna que salen de tu boca, pero conmigo le ha salido “el tiro por la culata”, porque hace ya muuuuchoooo tiempo que mis maldades se las confesé a mi glorioso Cristo y tengo la certeza de que él me las ha perdonado, desde el día que mi cuerpo fue sepultado en las aguas de la muerte. (Hechos 2:38).

Desde ese día sigo en el mundo, pero ya no soy del mundo. Para muchos, tal vez, aun tengo la apariencia de ser mundano, pero ya no participo de las cosas del mundo. Ellos todavía ven en mí a un ser imperfecto con muchos defectos, pues todavía soy tentado, todavía me enfermo, todavía me enojo, todavía me entristezco, a veces cuando debo de guardar silencio hablo más de la cuenta y hago lo contrario cuando debiera de decir las cosas. Todavía necesito que OREN por mí.-

La palabra de Dios dice que durante el arrebatamiento, “en un abrir y cerrar de ojos seremos transformados”. Esto quiere decir que todas las asperezas que contaminan a nuestro cuerpo serán “limadas”, quitadas, seremos transformados de un cuerpo corruptible a uno incorruptible, un cuerpo celestial, angelical.

Es obvio que mientras permanezcamos en este cuerpo seguiremos siendo imperfectos, pero justificados ante Dios y perdonados por la Sangre de Cristo. ¡Aleluya!

¡SHALOM BERAJOT!
 By Juan F. Roa

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